
Cuando vamos creciendo, tenemos que preguntarnos si de verdad creemos en lo que creemos. ¿De verdad nos convertimos en eso que deseábamos ser?
Un día se nos acaba el camino y no sabemos a donde ir,
decidimos que ya no queremos salvar el mundo,
que ya no queremos arriesgarnos,
decidimos que nos basta
con un puesto burocrático.
Se nos hace tremendo
el mundo exterior.
Tenemos miedo de ser pobres,
de fracasar,
de no ser aceptados,
de que no nos amen.
¿Y vamos a seguir toda la vida
esperando que nos amen incondicionalmente?
No tomaremos la flor
para plantarla delicadamente y esperar pacientes
a que rinda fruto.
¿En qué clase de cosa nos convertimos cuando crecemos?
¿Qué decisiones tomamos?
¿De qué nos arrepentimos?
¿Qué elegimos vedaderamente?
No somos nadie para exigir
no podemos enarbolar la verdad de pensamiento
no podemos comprar la fidelidad eterna
pero
tampoco
podemos
mantenernos inmutables
ni detener nuestro paso tormentoso sobre el mundo.
¿Que será mañana?
¿Quién seré mañana?
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