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Había un perro en la luna


Un perro estaba parado en la luna, y con su lánguida lengua saludaba a la tierra.
Resoplaba todas las noches con muchas ganas de volver a casa, pero el camino
era muy largo y ni siquiera sabía cómo fue que un perrito como él había llegado
a la luna.

A veces se desesperaba de ver la tierra sin poder hacer nada para poder acercarse,

entonces caminaba por todos lados y olfateaba las rocas lunares. Siempre olían a lo mismo:
a ropa vieja y a zapatos cubiertos de polvo.

El perrito extrañaba el olor empalagoso de los desayunos y del pan con mermelada,
incluso extrañaba poder morder zapatos y sentir cómo se deshacían en su hocico.

Pero llevaba ya mucho tiempo ahí. La mayor parte de la luna llevaba las permanentes
huellas del andar del perro y él ya no recordaba si alguna vez había tenido un dueño. En
la luna nunca hacía falta que lo metieran en casa, puesto que nunca soplaba el viento.

En las grandes orejas agachadas a veces se le metía una música extraña y sutil como un
suspiro... Y no era más que el ruido de la melancolía que no pueden en realidad percibir los oídos.

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Qué rico hueles

Quiero oler a tí, despertarme de noche y a quemarropa sentir sensaciones al exterior de mi existencia. Quiero estar convencida de que estás conmigo, tener la certera cadencia, el ritmo adecuado para caminar con vos. Quier estar cualquier instante, cualquier siempre por cualquier cosa a un lado tuyo. Ser la razón intangible el premio de tus triunfos la mano marchita que despidas en la tumba. Quiero oler a tí para ser más tuya y menos mía, menos del mundo que te ahuyenta con sus groserías, menos de la soledad y el vacío, menos de los días insípidos que me habitan cuando estoy conmigo. Quiero que me quieras y que todo se solucione cuando yo cierre los ojos para olerte, que nada sea real, que el tiempo se vaya al carajo, que seamos capaces de amarnos verdaderamente. Quiero oler a ti definitivamente, quiero llevarme dentro tus esporas.

Muñecos.

Quier que seas mi amigo mío de mí, sinceramente de mi propiedad. Que estés ahí quieto esperándome a que llegue del trabajo que quieto como un retrato aguantes todas mis lágrimas y mudo como un espejo me sonrías sin sonrisas cuando cuente chistes. Quiero que guardes el secreto: porqué sufro, porqué lloro, porque cuando me llaman paso cabizbaja y vana. Tu sabrás sin saberlo mis sueños lo que añoro y mis desvelos y lo que llevo dentro. Tu sabrás porqué lloro. Y estarás frío e inmutable aunque pasen los años a un lado de mi cama y envejecerás conmigo y yo seré una anciana y tu te desteñirás como mi antiguo guardarropa. Ya no estaré sola. Tendrás vida. Pero seguirás siendo de plástico. Y yo seguiré soñando que encuentro a alguien que me adora. Imagen en: http://www.uglydolls.com