II
La viuda pasa todos los días junto a la ventana. La pobre tonta cree que llegará el día en que su esposo vuelva por ella. Perfora con los ojos las distancias y va con ellos más allá de las inmensidades, y las pupilas se le resecan buscando a alguien en el horizonte. Todos los días, muy de mañana, se levanta sin querer y bebe café. El mismo café que bebía junto a él. Se levanta de la misma cama y toca con cuidado lo que le queda de vida, no quiere estropearla ya que desea conservarla intacta hasta que vuelva él y se acomode en el pedazo respectivo de su existencia. Ve pasar a las demás señoras llevando a los críos y todos los niños le sonríen a su ventana, buscan despertarla con sus manitas agitadas y pegajosas, pero ella no los ve, ella no goza. Se queda cuadrada con disciplina militar en el balcón.
Tiene un perro negro, de ojos pequeños y cabeza enorme que se dedica a mover su cola, esperanzado en que ella decida retornar al mundo corriente. La mira convencido de que el dolor no puede durar para siempre porque él como perro, vivirá sólo unos años más Toda su existencia perruna depende del amor que le prodiga su ama. Los perros son muy sensibles y el cabezón conoce la tristeza de su dueña. Pero nada puede hacer para remediarla más que agitar su rabo cada vez que la viuda se dirige a la ventana. Si ella no vuelve a vivir, el perro cabezón morirá desde ahora para acompañarla en su sepultura cotidiana.
Ella se siente muerta, se pinta las uñas con excesivo cuidado, se maquilla, se cepilla el cabello con tanta calma como si el tiempo fuera exclusivamente para eso. Al final del día, cuando el sol se desangra en el horizonte, la noche la sorprende muriendo a ella también. Cuando las sombras arriban, ella se deshace en sombras. Llora hasta que el maquillaje se le corre y se acuerda del pasado que murió con su marido. No sabe si recordar esos días sagrados o dejarlos ir, olvidarlos y seguir adelante.
Debajo de su ventana pasan los enamorados tomados de la mano, se casan, se juran amor eterno… pero la vida es un momento. La viuda no desea que el tiempo pase, pues cada instante la aleja más de su esposo. Los jóvenes que vienen y van no saben nada de la vida ni de la muerte ni del amor, únicamente se enamoran de forma fugaz. Y ella está decidida a amar eternamente, para siempre.
Ella sabe que está sola. La gente de allá abajo piensa que está loca, la deja desgastarse mirando la distancia, dejando de lado su corazón y su vigor para unirse lentamente al hombre que amó. A nadie allá afuera le interesa. Ellos trabajan, juegan, hacen lo que les importa, se afanan en el dinero y las diversiones, en el sexo, en sus propias familias, en intentos fallidos de amor. Pero nadie vendrá a intentarlo con ella. La viuda sabe que todos estos años con su esposo nadie se los devolverá, que las navidades junto a sus hermanas casadas y llenas de hijos no serán igual, que ser ama de casa ya no la sostendrá. Nadie comprende que el hombre que la amó está muerto.
¿Volver a casarse? Tal vez con el tiempo lo intentará, si no es demasiado vieja antes. El perro negro se acerca y mueve su rabito, le lame una mano con delicadeza y con los ojos pequeñísimos le dice que él es su hijo. La viuda no sabe si quiere vivir de nuevo y el perro le sonríe, como invitándola a vivir de nuevo. Ella se queda dubitativa. Aún no cae la tarde y su maquillaje se conserva intacto, por lo que se levanta y se pone los zapatos para salir a la calle.
Abajo, los hombres la miran, se ve como un ser de otro mundo que no encaja en las típicas calles del pueblo. Se ve tan hermosa, blanca y dorada. El perro cabezón se siente dichoso de salir al fresco y quiere ir a jugar con los niños que encuentran en el camino. Los hombres se quedan anonadados, pero no se acercan. Saben que es la viuda que está a punto de volverse loca y no le hablan. La dejan avanzar por la calle de su soledad. “Ha perdido la chaveta”.
La mujer se siente mirada, se siente hermosa. Tal vez compre unos frascos de píldoras para dormir. Esta noche, ella soñará con el mismo amor juvenil, con su romance intacto. Ella quiere amar para siempre.
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