Quiero orar por todos los desaparecidos.
Porque era el amigo de mi hermano,
el cuñado de mi hermana,
el hijo de un conocido,
porque era un político famosísimo,
porque era cualquier desconocido.
Poco a poco
la casa se va sintiendo más vacía
¿cuándo volveremos a verlos?
¿quién nos dirá si viven?
¿cómo lloraremos donde descansan?
Sólo queremos encontrarlos.
Estamos cansados
de la injusticia
de la frialdad con que se os mira
en las estadísticas del día,
en la nota roja,
en la boca del noticiario.
Estamos cansados de que seáis
un montón de papeles burocráticos
esperando ser resueltos.
Estamos cansados de vivir escondidos
esperando una nueva balacera,
un tiroteo repentino,
la guerra en la puerta de la casa,
porque alguien más desaparecerá entonces.
¿Y si nunca nos encontramos?
No podemos salir a buscaros en los bares,
ni en las discos ni en las fiestas.
Ni en el servcio forense ni preguntarle a nadie.
No podemos salir de noche
ni confiar de día.
No podemos encontraros.
¿Volverán?
¿les dejarán volver?
Mientras tanto seguiresmos viviendo
en la lucha de cada día,
y algunos, engañados,
seguirán dando mordidas,
comprando piratería,
votarán por candidatos
cuya propuesta desconocen
o se abstendrán.
Seguirán encendiendo luces
gastando gasolina y electricidad,
desperdiciando agua,
seguirá el calentamiento global.
Los niños en las escuelas
se portarán igual de mal,
no los reprenderán las maestras,
nada les enseñarán;
y en la casa las madres
no se preocuparán de ellos,
les dejarán salir a jugar
les darán ceveza a sus pequeños,
no le inculcarán la lealtad,
ni a justicia, ni la esperanza,
ni la caballerosidad,
ni la solidaridad ni la obediencia,
ni el orgullo ni la dignidad,
ni la decencia, la honradez,
la castidad.
La vida seguirá igual de torcida
mientras ustedes no están.
Todos harán lo mismo
que hacen todos los días
y, por lo tanto,
nada cambiará
ni mejorará ni nada.
Nadie está moviendo un dedo.
Ni las autoridades
ni el pueblo.
Ni el pueblo.
Son tantos ya los muertos,
tantos los desaparecidos,
y tantos los idiota
que se quedan mirando al cielo
o llorado al suelo.
Os extrañamos.
Quisiera decir que no fueron en vano
y que volverán.
Pero es falacia.
Ahogado el niño
y nadie quiere tapar el pozo.
Yo los voy a esperar.
Esta realidad no me gusta.
La voy a cambiar.
A la memoria de los que se han ido a quién sabe donde.
Porque era el amigo de mi hermano,
el cuñado de mi hermana,
el hijo de un conocido,
porque era un político famosísimo,
porque era cualquier desconocido.
Poco a poco
la casa se va sintiendo más vacía
¿cuándo volveremos a verlos?
¿quién nos dirá si viven?
¿cómo lloraremos donde descansan?
Sólo queremos encontrarlos.
Estamos cansados
de la injusticia
de la frialdad con que se os mira
en las estadísticas del día,
en la nota roja,
en la boca del noticiario.
Estamos cansados de que seáis
un montón de papeles burocráticos
esperando ser resueltos.
Estamos cansados de vivir escondidos
esperando una nueva balacera,
un tiroteo repentino,
la guerra en la puerta de la casa,
porque alguien más desaparecerá entonces.
¿Y si nunca nos encontramos?
No podemos salir a buscaros en los bares,
ni en las discos ni en las fiestas.
Ni en el servcio forense ni preguntarle a nadie.
No podemos salir de noche
ni confiar de día.
No podemos encontraros.
¿Volverán?
¿les dejarán volver?
Mientras tanto seguiresmos viviendo
en la lucha de cada día,
y algunos, engañados,
seguirán dando mordidas,
comprando piratería,
votarán por candidatos
cuya propuesta desconocen
o se abstendrán.
Seguirán encendiendo luces
gastando gasolina y electricidad,
desperdiciando agua,
seguirá el calentamiento global.
Los niños en las escuelas
se portarán igual de mal,
no los reprenderán las maestras,
nada les enseñarán;
y en la casa las madres
no se preocuparán de ellos,
les dejarán salir a jugar
les darán ceveza a sus pequeños,
no le inculcarán la lealtad,
ni a justicia, ni la esperanza,
ni la caballerosidad,
ni la solidaridad ni la obediencia,
ni el orgullo ni la dignidad,
ni la decencia, la honradez,
la castidad.
La vida seguirá igual de torcida
mientras ustedes no están.
Todos harán lo mismo
que hacen todos los días
y, por lo tanto,
nada cambiará
ni mejorará ni nada.
Nadie está moviendo un dedo.
Ni las autoridades
ni el pueblo.
Ni el pueblo.
Son tantos ya los muertos,
tantos los desaparecidos,
y tantos los idiota
que se quedan mirando al cielo
o llorado al suelo.
Os extrañamos.
Quisiera decir que no fueron en vano
y que volverán.
Pero es falacia.
Ahogado el niño
y nadie quiere tapar el pozo.
Yo los voy a esperar.
Esta realidad no me gusta.
La voy a cambiar.
A la memoria de los que se han ido a quién sabe donde.
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